La obesidad hoy es uno de los problemas de salud pública más relevantes, con impacto directo en la calidad de vida de las personas. Sus efectos se reflejan en el bienestar físico y mental del equipo, en el aumento de enfermedades crónicas y en mayores costos asociados a ausentismo, incapacidades y atención médica.
Por eso, prevenirla no es únicamente una responsabilidad personal, sino también una oportunidad para que las organizaciones promuevan espacios de trabajo más saludables, activos y sostenibles.
Esta guía práctica para líderes de Recursos Humanos, profesionales de bienestar y personas interesadas en impulsar hábitos más saludables dentro de su empresa, reúne información clara y útil sobre qué causa la obesidad, cuáles son sus consecuencias y qué estrategias pueden implementarse en el entorno laboral para reducir su incidencia.
La obesidad es una condición crónica que se caracteriza por tener exceso de grasa corporal, lo cual puede tener efectos negativos en la salud. Algunos de los más comunes son: tener mayor riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares como un accidente cerebrovascular (ACV), diabetes tipo 2, problemas respiratorios, algunos tipos de cáncer, síndrome de ovario poliquístico, hipertensión arterial (presión arterial alta), problemas en la vesícula biliar, síndrome de Cushing, entre otros.
La obesidad tiene múltiples causas y no responde a un solo factor. Intervienen elementos biológicos, hábitos, contexto y salud emocional. Reconocerlos ayuda a diseñar estrategias de bienestar más completas y sin estigmas.
• Factores genéticos y fisiológicos
Algunas personas tienen una predisposición natural a almacenar más grasa o a metabolizar la energía de forma distinta, lo cual puede influir en su peso sin que exista un problema de salud en sí mismo.
• Sedentarismo y falta de actividad física
Pasar largos periodos sin movimiento puede alterar el equilibrio energético del cuerpo. Fomentar pausas activas y movilidad ligera en el trabajo ayuda a contrarrestarlo.
• Malos hábitos alimenticios
Dietas altas en ultraprocesados o bebidas azucaradas pueden favorecer el aumento de grasa corporal. Acceso a opciones más nutritivas y educación alimentaria puede marcar una diferencia.
• Otros problemas de salud o medicamentos
Condiciones como hipotiroidismo, depresión o ciertos tratamientos médicos pueden influir en el peso de forma involuntaria.
• Estrés o falta de descanso adecuado
El estrés crónico y el sueño insuficiente afectan hormonas relacionadas con el apetito y la energía.
• Consumo frecuente de alcohol o bebidas azucaradas
Su consumo habitual aporta energía adicional que el cuerpo no siempre utiliza.
• Factores emocionales o psicológicos
Emociones como ansiedad o agotamiento pueden modificar los patrones de alimentación.
La obesidad puede tener efectos en distintos aspectos de la salud y la vida diaria, pero cada caso es distinto y siempre debe evaluarse con un profesional. Más que generar alarma, entender estas consecuencias ayuda a diseñar estrategias de prevención y acompañamiento desde un enfoque integral.
• Problemas de salud a corto y largo plazo
Puede relacionarse con condiciones como hipertensión, diabetes tipo 2, dolor articular o dificultades respiratorias. No todas las personas las desarrollan, pero el riesgo puede aumentar dependiendo de su historial médico y de otros factores.
• Impacto en la calidad de vida
La combinación de síntomas físicos, cansancio o limitaciones de movilidad puede influir en el bienestar emocional y en la forma de realizar actividades cotidianas.
• Costos económicos
Los tratamientos o controles asociados a enfermedades relacionadas pueden representar gastos constantes, tanto para las personas como para los sistemas de salud. Por eso la prevención y el acompañamiento temprano resultan tan valiosos.
El índice de masa corporal (IMC) es una herramienta ampliamente utilizada para estimar si una persona tiene un peso adecuado en relación con su estatura. Aunque no evalúa la composición corporal con precisión (no distingue entre masa muscular, grasa o distribución del peso), sigue siendo un indicador de referencia en salud pública para identificar posibles riesgos asociados al sobrepeso y la obesidad.
Calcularlo es sencillo:
IMC = peso (kg) / estatura² (m²)
Este resultado permite ubicar a una persona dentro de distintos rangos que orientan sobre su estado nutricional. Para líderes de bienestar y profesionales de Recursos Humanos, conocer esta clasificación ayuda a detectar tendencias generales en los equipos y diseñar intervenciones preventivas.
Aunque el IMC no sustituye una valoración médica completa, sí puede funcionar como un punto de partida para entender las tendencias de salud en una organización y promover prácticas más activas, alimentación equilibrada y programas integrales de bienestar.
El entorno laboral influye directamente en los hábitos de salud del equipo. Desde Sofía, promovemos un enfoque que facilita el movimiento, la alimentación equilibrada y el bienestar emocional sin estigmas ni imposiciones. Estas acciones concretas pueden integrarse en la mayoría de las organizaciones.
Breves estiramientos, caminatas cortas o rutinas ligeras ayudan a contrarrestar el sedentarismo. Se recomiendan pausas de 3 a 5 minutos que combinan movimiento y respiración para recargar energía durante el día.
Contar con opciones accesibles, frutas, verduras, nueces, agua natural, facilita decisiones más nutritivas sin forzar conductas. Algunas empresas complementan esto con asesoría nutricional como parte de sus programas de bienestar, algo que Sofía puede acompañar desde la orientación médica.
No se trata de prohibir, sino de equilibrar el entorno. Sustituir refrescos por agua o infusiones naturales y ofrecer alternativas con menos azúcar puede fomentar hábitos más saludables de manera progresiva.
El estrés sostenido y la ansiedad laboral influyen en el apetito, el sueño y los niveles de energía, y pueden desatar otras enfermedades. Espacios de acompañamiento, límites sanos de trabajo y acceso accesible a atención psicológica como la Membresía SaludMental que algunas organizaciones habilitan a través de Sofía, fortalecen el bienestar integral del equipo.
Ajustes sencillos como mejorar la postura, evaluar el mobiliario o incorporar recordatorios de movimiento reducen tensiones y facilitan mantenerse activo a lo largo del día.
Evaluaciones periódicas, orientación nutricional, seguimiento médico y programas de salud ayudan a detectar riesgos tempranamente. Muchas empresas integran a Sofía como aliado para brindar acompañamiento continuo y accesible a sus equipos.
La prevención de la obesidad no empieza únicamente en decisiones individuales: también se construye en el entorno laboral, donde las personas pasan la mayor parte del día. Cuando una empresa fomenta hábitos saludables, apoya la salud mental y facilita el acceso a atención médica de calidad, crea condiciones reales para mejorar el bienestar de su equipo y reducir el riesgo de enfermedades crónicas.
En Sofía trabajamos con ese enfoque. Nuestros planes de salud permiten que las organizaciones cuiden la salud integral de sus equipos con consultas ilimitadas, atención médica continua y acompañamiento preventivo. Además, las coberturas y membresías como SaludMental, Membresía Dental y Cobertura Materna, facilitan que cada colaborador acceda a especialistas cuando lo necesite, sin fricciones y con un seguimiento constante.
Un equipo sano es un equipo que se siente acompañado.
Conoce Sofía y da el siguiente paso hacia un bienestar más accesible, claro y humano para toda tu organización.