
La digitalización, el trabajo híbrido y las jornadas prolongadas frente a pantallas son ahora parte del día a día en muchas empresas. Pasar ocho, diez o hasta más horas sentados, casi sin movernos, se ha normalizado sin que siempre seamos conscientes del impacto que esto tiene en la salud física, mental y emocional de los colaboradores.
Este contexto ha transformado sin darnos cuenta nuestros hábitos de movimiento, reduciendo la actividad física cotidiana y aumentando el sedentarismo. No es casualidad que hoy se hable cada vez más de temas como el estrés laboral, el agotamiento crónico o la disminución del rendimiento. Incluso, estudios y experiencias organizacionales han demostrado cómo estos factores afectan directamente la calidad de vida laboral, uno de los elementos clave en cualquier estrategia de gestión de talento.
En este escenario, integrar prácticas como las pausas activas en el trabajo se vuelve una conversación necesaria. No como una moda pasajera, sino como una herramienta real para promover bienestar, prevenir riesgos y fortalecer la cultura organizacional.
En esta guía encontrarás qué son las pausas activas, por qué son importantes, cuáles son sus beneficios, ejemplos prácticos y cómo implementarlas de forma efectiva dentro de tu empresa.
Las pausas activas en el trabajo son interrupciones breves y planificadas dentro de la jornada laboral, destinadas a realizar movimientos físicos suaves, ejercicios de estiramiento, respiración o relajación. Su objetivo principal es reducir el sedentarismo, liberar tensión acumulada y reactivar el cuerpo y la mente, lo que explica la importancia de las pausas activas dentro de cualquier estrategia de bienestar laboral.
No se trata de “perder tiempo” ni de romper la productividad. Al contrario: son espacios estratégicos para recuperar energía, mejorar la concentración y prevenir molestias físicas derivadas del trabajo prolongado. De hecho, la importancia de las pausas activas radica en que permiten mantener el rendimiento sin sacrificar la salud.
En el entorno laboral actual, donde muchas personas permanecen frente a una computadora durante horas, las pausas activas funcionan como una medida preventiva frente a problemas musculares, fatiga visual, dolores de espalda y agotamiento mental. Además, ayudan a disminuir síntomas relacionados con el estrés, que suelen estar vinculados con el aumento de ausentismo y bajas laborales, reforzando aún más la importancia de las pausas activas en la sostenibilidad del desempeño.
Desde una perspectiva organizacional, estas prácticas se conectan directamente con la importancia del cuidado de la salud física y mental en el trabajo, ya que promueven hábitos sostenibles y refuerzan el mensaje de que el bienestar sí importa.
Implementarlas también contribuye a cumplir con marcos normativos como los establecidos en la Ley Federal del Trabajo, especialmente en lo relacionado con condiciones seguras y saludables para los colaboradores, así como con el respeto a tiempos de recuperación, descanso y organización de la jornada (incluidos los días de descanso obligatorio).
Incorporar pausas activas en el trabajo de manera constante genera beneficios que impactan tanto en las personas como en la organización.
Cuando el cuerpo permanece inmóvil durante mucho tiempo, la oxigenación disminuye y el cerebro se fatiga. Las pausas activas ayudan a reactivar la circulación y a despejar la mente, lo que mejora la capacidad de atención, la memoria y la creatividad.
Muchos equipos reportan mejores ideas, mayor claridad en la toma de decisiones y menos errores después de integrar este tipo de prácticas en su rutina.
Dolores cervicales, contracturas, molestias lumbares y tensión en hombros son algunos de los padecimientos más comunes en trabajos de oficina. Las pausas activas permiten relajar músculos, mejorar la postura y reducir la sobrecarga física.
Esto también se relaciona con la disminución de incidencias laborales, ya que previenen lesiones derivadas de malas posturas o movimientos repetitivos.
Detenerse unos minutos para respirar, estirarse o cambiar de posición ayuda a regular el sistema nervioso. Estas pausas reducen la sensación de saturación mental y contribuyen a prevenir el estrés laboral crónico.
De hecho, su impacto se alinea con estrategias para atender el estrés laboral en México, donde cada vez más empresas buscan soluciones preventivas y no solo reactivas.
Cuando las pausas activas se realizan de forma colectiva, fortalecen la convivencia, fomentan la cercanía entre equipos y reducen tensiones acumuladas durante la jornada. Estos espacios compartidos permiten que las personas se relacionen desde un lugar más humano, más allá de las tareas y los pendientes, lo que impacta positivamente en la comunicación, la colaboración y el sentido de pertenencia.
Además, se integran como parte de los beneficios sociales laborales, mostrando que la empresa invierte en el bienestar más allá del salario y las prestaciones tradicionales. Este tipo de iniciativas refuerza la percepción de cuidado, escucha y acompañamiento por parte de la organización.
Contar con aliados estratégicos como Sofía marca una diferencia real. A través de servicios de salud accesibles, orientación preventiva y programas enfocados en el bienestar diario, Sofía ayuda a las empresas a impulsar hábitos saludables y a prevenir los efectos del sedentarismo.
De esta forma, las pausas activas dejan de ser acciones aisladas y se convierten en parte de una estrategia integral de salud, cultura organizacional y desarrollo humano.
Una de las dudas más comunes en las empresas es: ¿qué tipo de actividades se realizan durante las pausas activas? La respuesta es que pueden adaptarse fácilmente a distintos contextos, espacios y perfiles, siempre que estén enfocadas en activar el cuerpo, relajar la mente y prevenir el desgaste físico y mental.
A continuación, te compartimos algunos ejemplos de pausas activas que pueden implementarse en distintos entornos laborales:
1. Estiramientos guiados: Consisten en rutinas breves para cuello, espalda, brazos y piernas, que pueden realizarse en el escritorio o en áreas comunes, con apoyo de un líder o videos internos. Ayudan a reducir la rigidez muscular, mejorar la postura y prevenir dolores derivados del trabajo prolongado.
2. Ejercicios de respiración y relajación: Incluyen técnicas de respiración profunda, mindfulness o relajación progresiva, especialmente útiles en momentos de alta carga laboral. Estas prácticas disminuyen la ansiedad, mejoran el enfoque y favorecen una mejor regulación emocional durante la jornada.
3. Microrutinas de movilidad articular: Son movimientos suaves de hombros, muñecas, tobillos y columna que permiten lubricar las articulaciones y liberar tensión acumulada. Contribuyen a prevenir molestias físicas, aumentar la flexibilidad y mantener el cuerpo activo sin interrumpir las labores.
4. Caminatas breves: Invitar a los colaboradores a caminar cinco minutos dentro o fuera de la oficina, subir escaleras o recorrer pasillos. Este tipo de pausas mejora la circulación, reduce la fatiga mental y ayuda a despejar la mente antes de retomar actividades.
5. Actividades grupales para activar energía: Incluyen pequeños juegos, dinámicas de movimiento o retos físicos ligeros que se realizan en equipo. Además de elevar el ánimo, fortalecen los vínculos, mejoran el clima laboral y fomentan la colaboración entre áreas.
Estas prácticas también pueden alinearse con iniciativas de inclusión laboral, asegurando que todas las personas puedan participar según sus capacidades y necesidades.
Integrar pausas activas en el trabajo requiere planeación, constancia y adaptación a la cultura de cada empresa.
Definir momentos específicos durante la jornada para realizar pausas, apoyándose en alarmas, calendarios o plataformas internas.
Esto ayuda a que no dependan solo de la voluntad individual.
Formar a supervisores o colaboradores como promotores de bienestar permite que las pausas activas se mantengan vivas en el tiempo. Además, fortalece el liderazgo positivo y el capital humano como motor del desempeño y la cultura organizacional.
No todos los equipos trabajan igual. Es importante adaptar las dinámicas a oficinas, plantas, call centers o trabajo remoto.
Esto mejora la adopción y evita resistencias.
Videos, infografías, apps o contenidos internos facilitan la ejecución. También pueden integrarse con programas más amplios de bienestar.
Evaluar el impacto en productividad, ausentismo, motivación y satisfacción permite optimizar la estrategia.
Estas acciones se complementan con iniciativas para mejorar la calidad de vida laboral y fortalecer una cultura organizacional saludable.
Promover pausas activas en el trabajo no es una acción aislada. Requiere intención, coherencia y una visión integral del bienestar. No basta con pedir que las personas se estiren si la carga laboral sigue siendo insostenible o si no existen apoyos reales para la salud.
Aquí es donde contar con aliados estratégicos marca la diferencia. Sofía acompaña a las empresas en el cuidado de sus colaboradores mediante servicios de salud accesibles, orientación preventiva y programas de acompañamiento que fortalecen el bienestar diario. Esto permite que iniciativas como las pausas activas se integren dentro de una estrategia más amplia de prevención, autocuidado y salud organizacional.
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